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lunes, 23 de junio de 2008

Intro

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“Desde las regiones oscuras al otro lado de las montañas situadas en el extremo superior de nuestro cercado dominio serpenteaba un estrecho y profundo río, más brillante que todo, excepto los ojos de Eleonora, y retorciéndose aquí y allá en numerosos meandros, se escapaba al fin por un desfiladero tenebroso a través de las montañas aún más oscuras que aquellas de donde había salido.”

Edgar Allan Poe – Eleonora

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Tenía rato con la inquietud de escribir un blog, inquietud que decapitaba siempre ante la ausencia de tiempo, la desidia, el no saber exactamente que decir. Así pasa con muchas cosas que queremos, las hacemos a un lado, creando excusas para luego dejarlas desvanecerse en el olvido voluntario, en nuestra propia papelera de reciclaje.


También tengo rato observando a las personas (terrible), observándome a mi mismo (peor aún), encontrando historias en la contemplación, en el día a día, en los cada vez más impúdicos titulares del periódico, en el espionaje a conversaciones ajenas, en las expresiones de la calle, exquisitamente generadas por conductores de busetas, buhoneros, señoras encopetadas, niños malcriados de esos que provoca nalguear, sin intención de hacer el trabajo de los curas por su puesto. En el televisor y su imbatible y viciosa estupidez, en la sobreviviente radio, en el infinito y mutante internet, en los exagerados cuentos entre amigos, que las cervezas y los años terminan por deformar (para bien de los amigos y de uno mismo, claro está), en las ionescas charlas de bar, en los aireados y silenciosos domingos en el parque, en la cotidianidad. Finalmente, del individuo que generalmente no tiene nada que decir.


Wilde tenía razón en eso de que “Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es tan sólo encantadora o aburrida” y una abrumadora mayoría pertenece al segundo grupo, sin embargo, la imaginación, el cuento, se convierten en pequeños placebos para combatir el gris con que mucha gente decidió pintarse, o quizás ese gris es el que le pone uno a ellos desde la silla de juez que todos tenemos en el palacio de nuestra moral. De una manera o de otra, los Cuentos Para Eleonora si tienen una pretensión bien definida (y egocéntrica): Contar historias a partir de nada, ponerles música, imágenes y entregarlas a la simple curiosidad del que se tome la molestia de leerlos.


¿Por qué Cuentos Para Eleonora?


Simple, porque una buena y admirada amiga bautizada con el primer nombre de Eleonora, no solo me sugirió abrir este blog (en realidad prácticamente me obligó ), sino que ella, su vida, pertenece al grupo minoritario al que hace mención Wilde, a la gente encantadora que hace que alguien como yo, se anime a iniciar esto, aún sin saber exactamente que decir.


Oscar.